"Esta vez el desasosiego sucumbe mi espíritu con una resonancia distinta a la de otras tantas veces, es mas apacible y menos violento que experiencias anteriores, pero igual de crudo y triste como siempre. Temo estar acostumbrándome a estos periodos fugaces pero dolorosos en los que la presencia de lo absurdo y lo incoherente se realza entre todo. En otros momentos, contemplo todo lo que me rodea como un asqueroso absurdo, una constante relatividad débil y carente de absolutos, pero por alguna extraña razón me resulta simpática y aceptable, por supuesto que triste, pero en otros momentos me permito gesticular una sonrisa melancólica que me trae vagas esperanzas que colman esos instantes con una hermosa tranquilidad. Ahora sin embargo, las angustiosas lagrimas fue llenan mis días me descubren una furia interna antes desconocida para mi.¿Y que es acaso lo que despertó esta rabia antes sumisa? La decepción. ¿De que o de quien? ¿Importa realmente eso?
Las decepciones me resultan de unas extrañas características, ya que uno, al no ser ajeno a la situación que lo decepciona, en parte, es un interventor activo de la misma, es decir, cuenta con un grado de responsabilidad de la practica de esa decepción. Particularmente a mi me decepciono una persona, pero sin ninguna duda yo me dejé decepcionar por ella, porque para decepcionarse hay que creer en algo, y uno, desde
el momento que adquiere conciencia y uso libre de la razón, siempre con una importante grado de visión critica y analítica de las circunstancias, uno ELIGE QUE CREER. Es por eso que la decepción repliega un manto que abriga tanto al decepcionado como al que decepciona, dotándolos de ecuánimes responsabilidades, ya que él decepcionado también se decepciona a uno mismo. Por haber cometido aquel error que su tan vivaz reflexión critica pasó desapercibido."
prohibido prohibir
Hace 21 años
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