jueves, 6 de noviembre de 2008

A Tí...


A la densa luz de la lámpara me dispongo a escribir... se acercan las tres de la madrugada… me impulsa mi falta de sueño, las vueltas en la cama, los pensamientos… Ah! ¡Los Pensamientos! Quien sabe porque extraña razón la noche realza la profundidad de las ideas. ¿Y a quien dirijo esto? A ti, hermano, hermana, extraño o extraña, que como yo has sido invadido por la falta de estimulación, has sido sucumbido por el aburrimiento, has encontrado más probable que todo lo que te rodea, todo lo que tocas, todo lo que sientes carezca de sentido, que los placeres experimentados no sean mas que meros efímeros momentos y que igual que todo quedaran sepultados en la cavidad mas recóndita de nuestra memoria. A ti hermano, que reconoces sutiles cadáveres felizmente adornados, enmarcados por un estereotipo aceptado por una sociedad enferma, que mientras ofrecen burdos entretenimientos también venden crueles formas de ignorancia, a ti te escribo hermano. Incomprendido secuaz, poeta extraviado, que bien gustarías de tiempo ilimitado para dar rienda suelta a tu imaginación y pasión, sin seguir los pasos de estos torpes soldados del reloj. A ti, te extiendo mi mano que al igual que mi cuerpo está fría. Permitamos la fusión de nuestros gélidos follajes, porque tú como yo bien sabes, que nuestros espíritus de poesías arden. A ti, fiel desplazado que tu inspiración nace de una mirada, de una sonrisa. Que en los ojos percibes un mundo y en una risa una vida, que no necesitas de las locuaces vulgaridades que te ofrecen. A ti, que en la nocturna velada encuentras tu aposento, tu brote de aliento. Extraño ser, te sigo aguardando.

Las silenciosas apariciones suelen ser las más caóticas.

A ti que igual que yo te preguntas, si acaso hemos dejado de lado las virtudes humanas (y si no las gozábamos, hemos abandonado cualquier intento de búsqueda) para entregarnos a una maquinaria banal, gris y carente de valor. Hemos de reverenciar al Dios Dinero y en un lingote de oro se ha convertido nuestro corazón.

A ti, que en esta mirada nocturna has encontrado un instante de comprensión, yo te sigo esperando.

A Ti! Que a pesar de todo, aun ansias y aguardas una brazada de luz, que nos ampare de la agobiante oscuridad que hemos sembrado! Eso me demuestra cuan esperanzado es tu corazón, hermano!



JID

martes, 4 de noviembre de 2008

Al Buenos Aires que se fué - Ernesto Sabato


Cuando la dureza y el furor de Buenos Aires
hacen sentir más la soledad
busco un suburbio en el crepúspulo, y entonces,
a través de un brumoso territorio de medio siglo
enriquecido y desvastado por el amor y el desengaño,
miro hacia aquel niño que fui en otro tiempo.

Melancólicamente me recuerdo
sintiendo las primeras gotas de una lluvia

en la tierra reseca de mis calles sobre los techos de zinc.
"Que llueva, que llueva, la vieja está en la cueva",
hasta que los pájaros cantaban y corríamos descalzos,
a largar los barquitos de papel.

Tiempos de las cintas de Tom Mix y de las figuritas de colores,
de Tesorieri, Mutis y Bidoglio,
tiempo de las calesitas a caballo,
de los manises calientes en las tardes invernales,
de la locomotora chiquita y su silbato.


Mundo que apenas entrevemos cuando estamos muy solos,
en este caos del ruido y del cemento,
ya sin lugar para los patios con glisinas y claveles,
donde una chica casadera cantaba algo de un pañuelito blanco,
mientras planchaba la ropa del hermano.

Cuando la dureza y el furor de Buenos Aires,
hacen sentir más la soledad,
salgo a caminar por esos barrios que tímidamente, con vergüenza,
conservan algún minúsculo tesoro de un pasado menos duro,
una maceta con malvones, alguna reja rezagada.


Pero ya Boedo no es el que cantó De Caro,
ni Chiclana la calle de Esthercita,
ni Puente Alsina en la vieja barriada

que vio nacer al poeta callejero.

En vano buscaremos las muchachas
en torno del gringo y su organito,
ansiosamente mirando la cotorra,
esperando de su pico la buenas suerte o el amor.

Feliz de vos, Homero Manzi, que te fuiste a tiempo,
cuando aún era posible escribir esas canciones de trenzas y almacenes,
cuando todavía los espíritus no estaban resecados,
por la ferocidad y la violencia.


Ya no hay novias detrás de las persianas,
esperando al gringo y su monito.
Ya murió el último organito
y el alma del suburbio se quedó sin voz.



Hermosa persona...